Cuarto día de observación

 Hoy, la escucha del entorno me ha llevado por los rincones más recónditos de mis propios sentimientos. 

-Soledad. El espacio de siempre compuesto por infinidad de elementos, artilugios, útiles que algún día fueron necesarios para numerosas labores, pero que a día de hoy son una reliquia sin importancia. Llevan años almacenando polvo y óxido y nadie se acuerda de ellos. La soledad es la única compañía que existe en este lugar.

-Belleza. Todas las imperfecciones son el reflejo de un fenómeno producido por un desajuste. La humedad en la pared, nunca había apreciado la naturalidad de este hecho, quizá, las personas también poseemos cierta humedad en nuestro interior que va calando, dejando su código. O una gran grieta en la capa externa de la pared de tierra, recubierta de cemento, que poco a poco va dilatándose y fracturándose hasta caer en pedazos, dando lugar a la capa interna, y dejando al descubierto la vulnerabilidad de la pared. Esto es belleza, entender que no somos tan diferentes de un tapia con humedad o de una grieta que muestra la sensibilidad del interior.

-Humildad. Si algo he aprendido entre las paredes del patio de mis abuelos, es que en la vida hay que ser personas humildes. De hecho, observando el entorno, veo esta característica por todos los rincones. En este espacio no hay elementos con un importante valor económico, todos con un gran valor sentimental, eso sí. El pequeño tronco para partir nueces, almendras y otros frutos secos; los útiles de limpieza colgados en el perchero en un rincón resguardado; la caldera para el agua caliente; o incluso espuertas en las que de pequeña me encantaba bañarme.

-Tesón y constancia. Vengo de una familia muy humilde, la cual se ha dedicado a la agricultura desde hace muchas generaciones. El tractor, el remolque, los arados, han estado presentes siempre en el patio, y por supuesto en mi vida. No fue fácil para mis abuelos tener 5 hijos y trabajar en el campo para poder vivir hace 50 años. Por eso, por primera vez, atiendo al tractor, al remolque y a los arados de una manera diferente, los percibo como símbolos de constancia, dedicación y esfuerzo. Y este nuevo mirar, me parece de las visiones más bonitas que he percibido nunca.

Comentarios

Entradas populares de este blog

FRAGMENTO II: Heridas

‘Las ciudades sutiles, 2’

Tema III