Noveno día de observación
“¿Qué es la vida?”
Esta pregunta hace eco en mis entrañas, no deja a mi mente ni un solo segundo de claridad. Ocurre así, rápido, sin más preámbulos. Retumba dentro de mí.
No he respondido a la pregunta, de hecho, nadie podría definir realmente lo que es la vida.
Por ello no he querido precipitarme a responder, he entendido que a veces es necesario macerar la pregunta, retenerla en nuestro ser y cuando creamos que somos capaces de convertirla en un producto de calidad, potente para una comunidad o para el propio individuo, exprimirla hasta apurar la última gota de información.
Me encuentro en la última fase del proceso, intento empaparme incluso de la neblina que deja pequeñas gotas de vapor en cualquier superficie. Quizá sea lo más importante.
¿Cómo podemos definir la palabra “vida”?
Observando el cielo, en el patio, me he encontrado una bandada de pájaros revoloteando, trinando, todos unidos, cada uno ocupaba un espacio específico en el triángulo que configuraban.
Un viento helado me ha devuelto a la realidad.
A la derecha he observado las calas, estáticas, quizá se tambaleaban por la suave brisa de otoño. Con sus pétalos tan blancos como siempre, con el tallo verde erguido que las sostiene.
Después me he enfocado en el sentido auditivo, he escuchado al otro lado las pisadas de los viandantes retumbando en los adoquines de la calle. He percibido las carcajadas de una pareja.
La vida no es como nos imaginamos. Es más compleja.
Cada individuo vive a su manera.

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