Tercer día de observación

Paz. Calma. Serenidad. Sosiego. Silencio.
Todas las sensaciones citadas anteriormente han penetrado en mi ser como un clavo lo hace en un listón de madera.
He perdido la noción del tiempo, hace mucho que no me sentía así. Quizá desde que era una niña.
He observado a mi alrededor, y aunque todo sigue igual que siempre, nunca dejo de encontrar cosas que antes no había atisbado.
Encuentro muchos elementos agrícolas que no sé para qué son necesarios. Mis ojos llevan toda la vida ignorándolos. Me asombra la capacidad de mirar a un objeto y al no saber reconocerlo, eliminarlo de mi mente, como si nunca lo hubiese visto. Es curioso, pues a lo que nosotros consideramos insignificante, o simplemente no tiene cierto valor en nuestra vida, no nos conmueve, interpela, no nos hace pensar. La ignorancia del ser humano.
El vuelo de un murciélago interrumpe mi ejercicio. Empieza a anochecer, la claridad del día se aleja. Desde este espacio diviso la chimenea de la casa de al lado humeando y percibo un ligero olor que me indica que es la hora de la cena. Miro el reloj. He de irme. 




Comentarios

Entradas populares de este blog

FRAGMENTO II: Heridas

‘Las ciudades sutiles, 2’

Tema III