'Las ciudades y el cielo, 2'

 ¿Cada átomo que conforma nuestro universo contiene una parte "celeste" y otra "infernal"? 

¿Se estructuran de formas distintas?

¿Sin alguna de las dos partes modificaría el resultado?

¿Cuándo se realizan estas estructuras? ¿Surgen a la vez? ¿Son complementarias?

Cada punto del universo tiene una complejidad infinita. Además de la composición externa, aquella que es perceptible por la retina, también poseemos estructuras internas. Éstas, sin embargo, no son visibles. Se encuentran sostenidas en nuestro interior a través de creencias, ideas, recuerdos, experiencias vitales. 

Somos arquitectos de nuestra complejidad. Sin siquiera percibirlo, tejemos redes, alzamos inmensos edificios creados con materiales resistentes a agentes externos que puedan debilitarlos. Durante este proceso gradual conformamos partes "celestes" e "infernales". Es inevitable. No podríamos adorar a una de las proyecciones e intentar alejarnos de la otra.

Surgen nuevos proyectos para mejorar la parte a la que idolatramos, deseamos que ella ocupe todo el margen de espacio. Quizá, este aumento provoque la disminución de aquella proyección a la que queremos eliminar. Esto no sucede. A medida que una de ellas crece también lo hace la otra. 

¿Y el propio ser? ¿Dónde aguarda? ¿Forma parte de estas estructuras?

Las proyecciones “celeste” e “infernal” son construidas en el interior de un mismo espacio. Están levantadas por el mismo arquitecto, el cual no consigue discernir si algún día finalizará el proyecto, tan solo vive con la esperanza de tener un sitio en el que alojarse. 

Cada punto del universo no sería él si careciese de alguna de estas dos construcciones. Aquello que construimos en nuestro interior nos pertenece, quedamos atrapados dentro de ello, nos encierra. O quizá, seamos un bloque de mármol que al esculpirlo albergue en el interior las diversas estructuras ya formadas. Quizá, tan solo necesitamos seguir esculpiendo para encontrarnos.

Por lo tanto, ¿qué está en continuo cambio? ¿Nosotros, es decir, ese gran bloque de mármol que contiene dentro de él su contenido ya perfilado? ¿Nos estamos esculpiendo a nosotros mismos? 

O………

¿Y si los que estamos completamente formados somos nosotros, y lo único que hacemos es construir nuestras proyecciones? 


Para algunos tan solo somos proyecciones que nos conforman. El cenit es el reflejo de cada una de estas, es el único espacio en el que son capaces de mezclarse de manera homogénea y dar lugar a nuestro ser, a nuestra esencia. En cambio, para otros tantos no somos más que un cuerpo enredado y despeinado el cual solo busca esculpirse y encontrar sus dos partes para SER.

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