‘Las ciudades sutiles, 2’
¿Qué significa ser feliz?
¿Somos capaces de construir nuestra propia felicidad? Si fuese así, ¿Podríamos alejarnos del proyecto inicial sin reparar en ello?
¿Los deseos nos permiten ser felices?
¿A qué deberíamos aspirar, a la felicidad o a los deseos?
¿Y si los deseos incluyen a la felicidad de nuestro ser?
¿Acaso no DESEAMOS ser FELICES?
Te buscamos incansablemente en cualquier lugar donde puedas hallarte. No importa si para ello hay que resquebrajar nuestras manos, ahora acostumbradas al contacto directo con cristales puntiagudos que te protegen. Rasgamos nuestros ropajes al intentar cruzar la frontera que nos separa.
Todos aquellos seres nos encontrábamos allí, en el mismo lado, observándote con el mismo deseo de siempre. Y tú, sola en el otro extremo, corrías caprichosa debajo de lo único que compartimos, el mismo cielo.
De ahí irradia el deseo, de hilos que nos unen pudiendo llegar a conformar un único ser. Creemos que nuestros cuerpos desvencijados por intentar alcanzarte en innumerables ocasiones, llegarán a poseerte algún día. Tan solo son vanas esperanzas.
Todos estamos aglutinados, deseosos de alcanzarte. Incluso construimos relaciones políticas, amorosas, amistades con las que aspiramos llegar a ti. Es otra fórmula propuesta para vivir en sintonía y acercarnos a tu frágil esencia.
Somos seres proyectivos encargados de calcular diversos factores como los actos que realizamos, el tiempo que invertimos en ellos, el lenguaje que utilizamos para conseguir un fin, llegar a este estado que anhelamos. Sin embargo, al proyectar y construir el camino hacia ella, hay cierto margen de error que nos desvía cientos de kilómetros.
Hay unos pocos, considerados locos, que han perdido el deseo. En el pasado la ansiaban tanto como cualquiera de nosotros, los que trazamos estrategias diarias para capturarla. Ahora nos vislumbran desde lejos y ven cuerpos adheridos unos a otros con heridas flamantes de las que borbotea un fluido rojo y viscoso.
Además, estos pocos locos son los únicos capaces de observar el movimiento de nuestros cuerpos, desplazados por el deseo hacia un estado utópico, la felicidad.
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