Tema IV

 Quizá no somos más que seres en proceso de cambio continuo, desde nuestro origen. 
Estamos conformados por numerosas conexiones neuronales que nos proporcionan respuestas ante nuestra percepción del mundo. 
Desde el día en que empezamos a formar parte de la vida, nuestras neuronas recogen toda la información necesaria para sobrevivir, haciéndose cada vez más potentes y complejas nuestras redes neuronales. 
Antes de salir del vientre materno somos seres que aún no se encuentran “contaminados” por el lenguaje, la cultura, o incluso por la percepción de cualquier estímulo.
¿En el momento en el que se produce el origen se elimina la naturalidad?
Cada ser vivo del planeta está adaptado a ciertas condiciones climáticas, culturales, religiosas, etcétera.
Según las raíces, el origen, se pueden determinar infinidad de etnias. 
¿El origen produce distinciones entre los seres vivos?
Todos los seres, activos e inertes, tenemos una procedencia, un origen del que partimos. Tener un origen es un proceso natural, de hecho cada átomo del universo tiene uno.
¿El origen es un proceso natural que nos arrebata la naturalidad?
Las raíces están en el lugar al que pertenece cada ser. Se encuentran presentes en cada decisión tomada, incluso en las respuestas que ofrecemos al medio externo.
¿Las raíces marcan el presente?
Si esto fuese así, los seres evolucionan, la perspectiva cambia, las ideas son modificadas, hay nuevas vivencias que nutren y hacen crecer al propio individuo. 
¿Las raíces pueden sufrir transformaciones o es un proceso fijo?
¿Las raíces permanecen idénticas al origen o descubrimos pequeñas ramificaciones y caminos que no conocíamos?
Se dice que el origen determina la evolución, por lo que es un proceso muy importante en la vida de cada individuo. 
Para que un olivo consiga un fruto exquisito necesita temperaturas muy frías, en cambio, el naranjo, para conseguir un producto excelente requiere temperaturas cálidas.
¿El origen nos hace explotar nuestro potencial?
¿O por el contrario nos estanca? 



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