‘Las ciudades y los ojos, 5’
Los ojos son nuestra condena. Creíamos que éstos nos convertirían en seres más firmes, que percibiríamos el exterior del modo más honesto y fiel. Sin embargo, no fue así como sucedió. Aquellos globos huecos casi esféricos nos hacían ser más sensibles, nos invitaban a impregnarnos, a involucrar cada centímetro de nuestro cuerpo en la percepción de imágenes. La vida se aleja y nosotros seguimos perturbados por las infinitas sensaciones a las que estamos sometidos a través de este sentido.
Ningún ser renunciaría a la visión. ¿Y si lo hiciéramos? ¿Qué ocurriría? Los esquemas que sostienen nuestras vidas se romperían en pedazos, ahora destrozados, se clavarían en nuestra piel como lo haría un espejo que eclosiona entre nuestros dedos y nos hiere, provocando un fino surco de sangre.
Dolería perder aquello que nos impide pensar, aquello que nos hace partícipes de los juicios sencillos, que nos balancea sobre la conformidad y la comodidad. Tan solo mirar y juzgar.
Pensar es más complejo. Hay que saber palpar e identificar lo que tenemos ante nosotros. Apenas unos segundos después, desearemos escuchar el sonido que emite. Querremos percibir cómo suenan nuestros cuerpos chocando contra aquello que no logramos distinguir. Nuestro juicio será justo. No entenderemos nuestra posición. No conoceremos la ajena. Esperaremos bajo nuestra ceguera a desarrollar nuevos cimientos sobre los que sustentar nuestras débiles y quebrantables vidas, las cuales penden de un hilo sintetizado por aquellas imágenes que no penetraron en nuestro interior, por aquellas que apenas traspasaron el humor acuoso de nuestros ojos. Las imágenes que quedaron flotando en este fluido. Quizá, naufragando, perdidas en líquido transparente, se introduzcan en la retina. En milésimas de segundo todas ellas, al unísono, estarán colapsando en nuestra mente. No saldremos ilesos.
Estaremos sometidos a un debate eterno
entre el pensamiento y la percepción visual.
Entre la complejidad y la simplicidad.
Entre la pausa y la rapidez.
Entre lo infinito y lo fugaz.
Entre lo que fuimos y lo que seremos.
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