FRAGMENTO I: Saber volar libre y alto
Caminar en círculos tomando como referencia las huellas que dibujaron tus pies anteriormente. Continúas erguida, fijando la vista en la arena en la que quedaron plasmados tus dedos y talones. La mirada expresa todo lo que el interior no sabe. Deseas seguir orientada por aquellos dibujos en la arena que te acompañan en tu viaje en círculo. Sabes que tu único miedo es perder aquello que te guía, aquello que crees que es luz.
No cesas. Te encuentras caminando en una circunferencia vacía, más delimitada cada vez que realizas la sensible acción de posar el pie. Y sí, lo posas con cuidado intentando encajarlo de forma perfecta en la primera huella que marcó tu piel rozando la arena.
Te asusta el desorden. El miedo te invade y te sientes diminuta pensando cómo sería perder el camino después de todos estos años paseando en círculo, sin apenas reflexionar acerca de nuevas trayectorias. Siempre buscaste la comodidad.
Te pensaste como planeta que orbita alrededor del Sol sin permitirse descanso. Aquella circunferencia te proporcionaba la luz y el calor que necesitaba tu vulnerable cuerpo. Sabías que el miedo era una fuerza que te miraba de manera más esencial y te mantenía rotando en aquel círculo infinito, al igual que el Sol mantiene a los planetas girando alrededor debido a la fuerza de gravedad.
Te encomendaste en la circunferencia, a la que consideraste hogar. Sin embargo, hay fenómenos imposibles de controlar, aquellos que escapan de nuestra voluntad.
Un viento repentino alisó la superficie, colocando la arena uniformemente haciendo desaparecer tu vida. El temor se hizo ahora realidad. Tus pies no sabían hacia dónde continuar. Sin embargo, no podían parar de caminar. Siempre habían permanecido en movimiento. El temor que se apoderó de tu cuerpo unido a la desorientación de tus pasos compuso la aceleración perfecta. Así comenzaste a trotar.
Ahora te sentías en un estado salvaje. Los nuevos movimientos de cada parte de tu cuerpo te invitaban a una sensación placentera. Te invitaban a la libertad. El cuerpo que mantenías atrofiado ahora era ligero y volátil. Descubriste tu propia voz, fatigada por la velocidad que nunca antes habías adquirido.
Todo este tiempo permaneciste sumida en un abismo, al borde de la extinción. Y en cierta manera, desapareciste para siempre. Ya no eras aquella chica erguida bordando una circunferencia con sus huellas. Ahora eras gorrión o mariposa. ¡Qué más daba lo que fueses!
Sabías volar libre y alto.
Resplandor (de HUGO MUJICA)
ResponderEliminar"Ya noche,
caminando,
vi el instante de un relámpago
sobre el charco de una calle,
cerré los ojos
y, blanca e inmensa, y a la vez serena,
se encendía un alba."
https://youtu.be/dGzY9zp46KI
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ResponderEliminarMientras el mundo tenga su luz continuará habiendo un mañana. Mas dime, mariposa, ¿qué le ocurrirá al mundo cuando su luz se apague y las tinieblas envuelvan el firmamento?
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